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MAMA LLAMA

abril 27, 2012

Hola, amigos del misterio.

Esta vez, ni siquiera voy a inventarme una excusa o a intentar disculparme. Esta vez he tardado un huevo en actualizar. Esto es así y punto. Así que, a otra cosa…

Por circunstancias que no vienen al caso, estoy teniendo un contacto más intenso de lo que me gustaría con el mundo maternidad y esas mierdas. Así que voy a compartir con vosotros algunas conclusiones a las que he llegado. De momento, he llegado a tres importantes:

– Los bebés necesitan muchas cosas, pero no tantas como intentan venderte.

– La gente se enternece de manera muy tocha, y hasta límites realmente ridículos, con las cosas de los bebés

– Las futuras madres se vuelven bastante gilipollas, salvo honrosas excepciones.

Me voy a quedar en esta última conclusión para ahondar en ella, desde las superficialidad que me caracteriza.

Por vuestro propio bien, he estado realizando un trabajo de investigación al respecto, por lo llamativo del caso, y, de momento, he catalogado cuatro tipos de madres, o futuras madres, agilipolladas. Yo, como ya era gili de antes, no entro en el estudio.

He descubierto que, misteriosa e invariablemente, el tipo de pre-madre en el que mutan va asociado a un tipo de padre en concreto y a unos nombres de futuro hijo. Lo que viene siendo un “Dior los cría y ellos se arrejuntan” como la copa de un pino. Allá va mi clasificación de madres-tipo:

1.- La mamá mema:

Es fácilmente identificable porque parece que en lugar de un hijo le han diagnosticado una enfermedad terminal. Es lánguida como una modelo eslovaca en un catálogo de lencería. Habla como si cada palabra fuera su último aliento y se acaricia la pancita con sentimiento incluso antes de su primera falta. Vive su embarazo como una experiencia mística, como si la raza humana estuviera a puntico de extinguirse y solo ella fuera fértil en este mundo, como si nadie antes de ella se hubiera reproducido jamás y todos nosotros hubiesemos sido gestados en vainas. Su pareja suele ser un sinsangre con cara de que se ha perdido parte de la historia y no sabe muy bien cómo llegó a esta situación. Parece que mira de reojo la puerta más cercana para tener controladas las salidas y poder escapar en cualquier momento de esta casa, de este mundo  y de esta vida. El niño se llamará como ella diga y punto. Probablemente como su abuelo, si es chico, y como ella misma (o como alguna prota de novela victoriana) si es chica.

2.- La mamá concienciada:

Se lee todas las revistas de padres, todas las páginas webs sobre maternidad y todos los folletos que encuentre en la matrona. Cambia su dieta, sus hábitos de vida y se apunta a yoga. Ve supernany a todas horas y ya está mirando colegios, antes incluso de saber si es niño o niña. Y no solo eso, si no que compartirá (o al menos lo pretenderá) toda esa información contigo. Aunque no te interese una mierda. Se acabaron el resto de temas de conversación. No hará ningún esfuerzo, ni nada que se le parezca, y tendrá antojos desde el minuto cero de gestación. Su pareja está superimplicado en el embarazo, hasta el punto de que él también se lee esos libros (cuando los acaba ella) y deja de comer jamón en solidaridad y consideración. Viven intensamente este momento tan maravilloso que, muy posiblemente, lleven muuuucho tiempo esperando. Y con “muuuucho tiempo” quiero decir “el tiempo que se tarda en intentarlo, darte cuenta de que no hay manera, ir al médico, someterte a mil tratamientos y, cuando estás a un paso de la adopción, tener un embarazo de riesgo”. El bebé tiene todos los puntos de que le caiga el nombre de moda del momento. De especímenes como éste han salido millones de Nicolases, Teos, Martinas y Lunas.

3.- La mamá hipernatural:

Todavía no sabe seguro que está embarazada pero ya sabe que el parto será en casa y natural del todo, rodeada por su familia y poniéndolo todo perdidico. Sabe también que le va a dar el pecho hasta que se independice, que dormirá en la cama de matrimonio hasta que se toque, que los pañales serán de tejido orgánico reutilizables, que no lo va a vacunar y que, si me apuras, obligará al padre a comerse la placenta. Nunca le dirá que no a nada, no sea que crezca traumado, comerá solo lo que le guste, irá al cole cuando quiera y elegirá su propio nombre. Así que, una de dos: o el niño se llamará “Agua”, “Pipí” o “Mamá”, o le llamarán “Oye tú” hasta que se decida. Eso, o tiene todos los puntos de llamarse con nombre de fenómeno meteorológico y estar enganchado a la omeopatía antes de los 13. El padre va vestido como Sonny Crockett incluso en invierno. Y este es el signo más representativo de su carácter. Y el único, posiblemente.

4.- La mamá coñazo:

He intentado buscarle un nombre un poquico mejor, pero es que no me salía nada que se ajustara tanto a lo que quería decir. Como podeis imaginar, es una futura madre pelín peñazo. Antes de nada, un consejo: en cuanto la identifiques… HUYE. Solo hablará de SU embarazo desde el segundo 1 después de la inseminación. Todo en ella irá más rápido de lo normal: si la tripita se empieza a notar al tercer mes, ella la empezará a notar a la quinta semana. Si el bebé se mueve a los seis meses, el suyo lo hará a los tres. Si el peor mes es el último, los suyos serán el séptimo, octavo y noveno. Si tu no ves nada en las ecografías, ella le habrá visto tan claramente que habrá podido leer sus labios y saber que  el bebé decía “mamá, te quiero”.  Hablará siempre de “su hijo” antes de que la pobre criatura haya pasado de cigoto a feto y ya nunca jamás abandonará ese sentido de la posesión. Si alguna vez pregunta a otra embarazada por su estado, no será más que una fórmula para introducir rápidamente un monólogo que empieza con un temible “pues yo…” y que nunca sabes cómo ni, lo más importante, cuándo acabará. El bebé tendrá un nombre superespecial y con mogollón de significado. Rollo el prota del primer libro que le regaló el padre del churumbel, o el prota de la primera peli que fueron a ver juntos, o el cantante de la canción que sonaba cuando se conocieron… O, pero aún, se lo inventarán. Lo dicho: HUYE.

AVISO IMPORTANTE: En ocasiones se combinan dos de los agilipollamientos dando lugar a una fusión insoportable de síntomas. Aquí insisto en mi consejo de antes…HUYE. Como alma que lleva el diablo, signifique eso lo que signifique. Si te atrapa, estás perdido porque no se conoce ningún caso de agilipollamiento que haya remitido. Más bien al contrario: la cosa siempre va a más.
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