Archive for the ‘Manderlay’ Category

Alguien lo tenía que decir…

agosto 8, 2009

… y voy a ser yo:

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– Punta Cana no mola. Mola la pulsera del todoincluido. O mejor dicho, molan sus propiedades.

– Los tacones son incómodos y no te hacen el culo más mono, solo hacen que esté más arriba.

– “Tengo dudas” quiere decir “Lo tengo claro pero no se cómo decirtelo en la cara”.

– Javier Bardem no es guapo.

– La torpeza no exime de culpa.

– Pedir demasiadas veces disculpas es como no pedirlas nunca, querer a todo el mundo es como no querer a nadie, reirse por todo es estúpido.

– Futuro Marido es muy mono, Hombre Interesante es monísimo, Amigo Imposibledenoquerer es monérrimo.

– El niño del anuncio del Cola Cao merece una hostia en toda la boca con la mano abierta y untada en mierda.

– Anne Igartiburu también.

– Si la vergüenza torera existiera no se habrían inventado las hombreras ni los pantalones bombachos, y los trajes de colores brillantes con estola de las madrinas estarían prohibidos.

– Francine Gálvez es el más claro ejemplo de que la discriminación positiva es, a veces, negativa.

– La barba es al hombre lo que a la mujer el maquillaje (cortesía de Amiga Adorable)

– El rencor está infravalorado.

– No recuerdo ninguna película de Elsa Pataky. Sólo anuncios de helados.

– Amaia Montero, además de hostiable, canta como si tuviera mocos todo el rato.

– Hablando de mocos… el Respiguay es un inventazo.

– Hablando de inventazos… la merienda-cena, como concepto, es uno de los más grandes.

– El tamaño sí importa (¿Por qué habré enlazao yo esto?)

– Los hombres que mastican chicle con la boca abierta están mucho menos buenos de lo que ellos creen.

– El “Hola” es una gran (e incomprendida) revista de humor (Cortesía de Amiga Adorable. Again)

Ala. Espero aportaciones…

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Soluciones Fáciles a Problemas Cotidianos (vol. 1)

julio 10, 2009

Amiguetes:

Éste bar, además de ser un estupendísimo lugar de encuentro donde Amigo Imposibledenoquerer puede ponerse ciego de ron gratis, es también un lugar donde aprender cosas superimportantes de la vida. Y hoy empezamos nuestro espacio “Soluciones Fáciles a Problemas Cotidianos”. Queda inagurada esta sección…

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Supongamos que tenemos un problema cotidiano normal. Uno de infantería… Por ejemplo, que perdemos la memoria en el metro y al salir del vagón no sabemos si estamos en Valencia o en Madrid. Es un suponer.  Y claro, como estás debajo de tierra, pues todo es igual. Aquí y en Pekín. Bueno, en Pekín igual no que los carteles están escritos en extranjero. Pero el subsuelo despista y eso es un hecho. Pues bien, amigos, os voy a dar unas claves gracias a las cuales podreis saber si estais al borde del Mediterraneo, en la ciudad donde es lo mismo tres trajes y unos zapatos de piel de potro que unas anchoas, o por el contrario estais en Madrid, donde los espias campan a sus anchas y los críticos de cine en paro roban goyas en guardarropas. Ahí es na. Las pistas:

– Si al bajar del vagón la gente que va a subir no espera a que tú salgas , te mira como si fueras un incosciente y se lanza al interior del metro como si a los primeros les dieran un bonometro gratis y algo de cariño…  

VALENCIA. Tendrás que pelear para salir y, como te descuides, serás empotrado por la fuerza de la masa contra la puerta contraria y verás por la ventanilla, impotente, como se aleja tu parada.

– Si al subirte en las escaleras mecánicas la gente que no anda se mantiene escrupulosamente a la derecha para dejar el lado izquiero libre para los que van  con prisas…

MADRID. En Valencia las escaleras están llenas de gente quieta hablando a gritos que no deja avanzar y que te mira mal si pides paso. Además, se paran al final de las escaleras a discutir si han bajado en la parada correcta o bien se han equivocado, provocando atasco de gente andando hacia atrás, como Maiquelyacson, para no ser engullidos por el final de las escaleras*.

– Si de pronto sube un panchito con un altavoz, una guitarra y una armónica y canta “El condor pasa” a las nueve de la mañana dentro de tu vagón y la gente no le lincha…   

MADRID. En Valencia se llevan más los gorrillas y los panchitos solo cantan “El condor pasa” en fallas y delante de un puesto de buñuelos. Casi siempre, debajo de la casa que tú habites en ese momento. En caso de que a algún panchito despistado se le ocurriese hacer lo arriba descrito, sería rápidamente apaleado por algún descerebrado perteneciente a alguna banda suburbana de tendencias algo escoradas a la derecha e, incluso, a la extrema derecha.

– Si nadie cede el asiento a una persona mayor y, además, en el hipotético caso de hacerlo el abuelo en cuestión se ofende y te dice que qué te has creido, que él puede ir de pie de aquí a Lima y volver tres veces, que él está muy bien para su edad y que ya querrías tú estar como él cuando cumplas sus años…   

VALENCIA. Aquí la gente lleva muy mal su edad. Debe ser cosa de la paella o vaya usted a saber, pero a los abueletes no les gusta nada ser abueletes. Así que evitan sentarse en los asientos que llevan la pegatina de “reservados” porque les hace parecer mayores e impedidos. Cómo si los demás les hiciesen parecer tineillers…

* Todo el mundo sabe que si se te mete el pie al final de la escalera mecánica, ésta te engulle y das la vuelta por dentro de las escaleras (que es muy estrecho y oscuro) para salir hecho papilla por el otro lado. Duele.

Cosicas De Mi Vida (notas breves)

julio 4, 2009

Amiguetes:

Desde que soy una mujer ocupada, apenas tengo tiempo de nada. De ahí el uso del término “ocupada”. Así que este post, mientras pienso en algo interesante que contaros, va a consistir en una batería de apuntes breves sobre lo que acontece en mi vida. Allá voy:

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– Ya conozco a los camareros del bar más próximo a mi curro. Lo cual es bueno y malo a partes iguales…

– Hoy he cobrado mi primera nómina. ¡Chiquitica!

– Amigo Tarado ha venido dos veces, dos, a buscarme al curro y me ha llevado a cenar. Después de una “intensa jornada laboral” (ironic mode) es muy guay que pase eso. ¡Molas, Amigo Tarado!

– Además, me ha regalado dos cuadros molones (muuuy molones) que compró en París y que tiene en usufructo hasta que yo tenga, de nuevo, mi propia casa. ¡¡Molas again, Churri!!

– Lo mejor de la media jornada de tarde es que puedes ir por la mañana a la playa.

– Lo peor, es que la mañana se pasa volando en cuanto haces unas pocas perecitas en la cama.

– Ya no tardo cinco horas en llegar a currar. Tampoco  han vuelto a pedirme en matrimonio. Pero hoy un abuelete en el metro me ha sonreído tol rato, finalmente me ha preguntado mi nombre y me quería ceder su asiento. Una de dos: o no sabe que ya no se liga así y que su físico no le acompaña, o me cedía su asiento porque tengo pinta de ser mayor que él o, peor,… ¡¡de estar embarazada!!

– Idea para un corto: Una joven atractiva e inteligente saca un billete de ida y vuelta para un lugar del extrarradio. Además de encantadora, la joven es adorablemente despistada y se pasa de parada, bajando en el pueblo siguiente. Tiene que coger de nuevo el mismo metro pero a la inversa. Sólo es una parada, pero no sabe como, vuelve a pasarse de parada. Hartica de sí misma, decide volver a coger el metro en sentido contrario y, en lugar de leer, se dedica a mirar fijamente el letrero para no pasarse de parada. Consigue bajar en la parada adecuada y, después de su jornada laboral, vuelve a coger el metro. Saca su libro, se concentra para no cagarla y, sorprendentemente, se pasa de parada again. Tras la ingesta de varias cervezas para olvidar lo ocurrido, un camarero insultantemente atractivo le comunica que no es ella la que se pasa de parada si no las paradas las que pasan de ella. Y que si gusta le dice cosicas chachis al oido. O quizás solo dijo “son cinco con cincuenta” y ella nunca lo sabrá… Fundido a negro. O a rojo. ¡Qué más da! Nota al margen: La música no será JAMÁS de Bebe. Ni hará cameo alguno…

– Señora Madre sigue con una mamitis de caballo. Ayer me llamó tres veces. La tercera, para preguntarme si estaba mejor o peor que cuando me llamó la segunda. “Igual” le dije en tono neutro. Y ella lo interpretó como que me pasaba algo. (Nota mental: mejorar mi tono neutro) “Pero… ¿Estás bien?”. “Sí, mamá. Estoy muy bien. De verdad. Pero tu mamitis nos va a costar la salud. Te lo digo”. “Lo se. Besitos”. “Besitos”.

– Leo en un libro de Cortázar la explicación a todo: “No hay discurso del método, hermano, todos los mapas mienten salvo el del corazón”. Siempre la misma mierda. Siempre la misma… ¡Mierda!

– Quedo con Amiga Afotera en que nos vemos el domingo. Cervezas, gin tonics y cervezas. Y que el lunes desayunamos juntas en el bar casposo de la esquina. Aspiramos a, en unas  semanas, formar parte de la tertulia de la tercera edad de la mesa vecina. A corto plazo, nos conformamos con saludar a los parroquianos.

– Tengo metida una cancioncilla en la cabeza desde hace unos días. Suena más o menos así: naino ninoniiii naino naaaaaa ninonaaaaa niiiinaaaaaaaa ninonaaaaaaa niiiinaaaaaaa. Si alguien sabe cual es, por favor, que no dude en ponerse en contacto conmigo, bien vía mail, bien vía sms o como sus de la gana.

– He creado en mi curro una carpeta secreta donde guardo las fotos de abuelas fantasmagóricas vestidas de madrina que me encuentro en los reportajes. ¿Será delito? Yo ya estoy viendo una exposición en La Llotgeta… “Iaies inquietants”. Ríete tú de Bresson y compañía…

– En la cervecería de La Alameda, la camarera ya no se sorprende cuando sale a la terraza y me encuentra allí sentada, mirándola con cara de quererla bastante (A ella y a la cerveza que va a traerme en breve). Solo cambia el acompañante. Debe pensar que soy algo ligera de cascos. O algo indecisa. O ambas. Pero es discreta y nunca pregunta. Y además, siempre nos pone pececitos de esos de galleta pequeñicos y crujientes. Por mí, pueden darle los papeles YA. Firmo donde haga falta.

– Acabo de darme cuenta de que mi vida gira en torno a la cerveza. Debería enamorarme. O crear una religión. Como la cienciología, pero mejor. La cervezología. Tengo que averiguar cuantos miembros necesito para legalizarla. Si tantos millones de personas creen en un tipo con barba que convierte agua en vino y nadie lo ha visto… ¿Por que no iban a creer en la cerveza, que sí que la conocen y encima no hace falta transformarla en nada?

-Y creo que ya. Lo demás no ha cambiado: No estoy más alta, ni mas rubia ni mas en forma. Si acaso, un poco más morena. Pero ligeramente. Y con “ligeramente” lo que quiero decir es “muy ligeramente”. Pero acabo de leer que Maiquel Llacson murió calvo y sin nariz. Así que no me quejo…

Ala, voy a pensar en algo interesante e ingenioso para escribir un post en condiciones. Que éste ha sido pa salvar los muebles y fidelizar audiencia. Se os quiere…

Regreso a Manderlay…

junio 9, 2009

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He vuelto (temporalmente) a Manderlay, como bien sabeis los que frecuentais el Flamingos. Manderlay es un lugar especial. Es el culo del mundo. Pero es un culo junto al mar. Con un sol bien majo, una playa con dunas  y una alta densidad de bares  por metro cuadrado. Y está mi mamá, que hace la mejor fideuá del mundo y me mima como nadie.Y además, mi primo el pequeño ha sido papá.

Los motes en mi familia son para toda la vida. Mi primo el pequeño ya es padre, y sigue siendo “mi primo el pequeño”. Que tú llegas a casa y te dicen que tu primo ha sido padre. Y dices: ¿Qué primo?. “El pequeño”. Y tú ya sabes de quien es el crío.  Desconoces quien es la madre, porque la última vez que viste a tu primo el pequeño, era realmente pequeño. Pero ya sitúas genéticamente al recién llegado.

Si algo somos en mi familia poniendo motes, como habeis podido comprobar, es originales. Eso no se nos puede negar. Está mi tía la vieja, mis tíos los chiquiticos, mi tío el vago, mi tía la puta, mi primo el gilipollas, la gorda, el cojo… Somos muy sutiles, en mi familia, con los motes. Y huímos del chiste fácil, de lo obvio, de lo evidente… Somos elegantes, coño. Porque sabemos de la importancia de un buen mote. No es lo mismo llamar a tu tía “la bragas sueltas” que llamarla finamente “tu tía la puta”. No se si notais el matiz. Os pongo otro ejemplo: Mi primo el gilipollas. Es realmente gilipollas. Y claro, entre llamarle “tu primo el gilipollas” y llamarle “tu primo el escaso de razón y entendimiento”… pues optamos por el ingenioso “el gilipollas”. Y claro, gana mucho.

Eso sí, no lo decimos nunca a la cara. Porque no queremos que se sientan condicionados a comportarse a la altura de las expectativas que despiertan sus motes. No por otra cosa. Si mi primo es gilipollas, pues es gilipollas naturalmente. ¡Y es nuestro gilipollas!